¿Por quiénes votarán los colombianos?

Ni pudor, ni vergüenza, ni ética, ni sonrojo, ni carácter, ni principios, ni moral, ni ley, ni lealtad hacia el interés general, son algunos de los atributos que no conoce y de los que carece la clase política colombiana.


En medio de la peor crisis de credibilidad de su historia y de la total ausencia de legitimidad de su gestión, el actual congreso colombiano se dispone a “renovarse con sangre nueva”.

Ni pudor, ni vergüenza, ni ética, ni sonrojo, ni carácter, ni principios, ni moral, ni ley, ni lealtad hacia el interés general, son algunos de los atributos que no conoce y de los que carece la clase política colombiana.

El 07 de marzo pasado, el portal www.semana.com reseñaba que de los 106 congresistas elegidos en 2010, 20 de ellos han sido sentenciados y condenados por los delitos de “cohecho, nexos con grupos ilegales, lavado de activos, soborno, entre otros delitos o violaciones al régimen de inhabilidades…”, quienes representan casi el 10 por ciento del poder legislativo, sin contar el centenar de congresistas involucrados en la parapolítica en años anteriores.

Hoy, esa cifra de congresistas de todos los partidos aumentó en un 50% al pasar de 22 a casi treinta los congresistas con pérdida de investidura, condenados y sentenciados y 51 vinculados más están vinculados a investigaciones por diversos delitos como por ejemplo el escándalo de la DNE entre otros.

Una buena parte de ellos aspiran a continuar no solo gozando de la inmunidad y los escandalosos privilegios salariales que ya conoce la opinión pública, sino a recibir las cuotas burocráticas que periódicamente les concede el gobierno como contraprestación a la aprobación de los proyectos de ley que finalmente terminan atentando contra el interés general como la reforma a la justicia o a la salud para tan solo mencionar esos dos casos.

Otros, es decir la “sangre nueva” que ha venido siendo encarnada por los numerosos herederos biológicos y políticos de los poderes regionales y del entramando de la abyecta corrupción de los poderes locales, que succionan como verdaderas sanguijuelas los recursos públicos, son el nuevo grupo de prohombres colombianos que le darán continuidad a la fétida y excremental política tradicional colombiana.

Esta “sangre nueva” son también los hijos de los viejos grandes barones electorales regionales que hoy, a cualquier precio, buscarán perpetuarse en el poder a través a sus descendientes, herederos de sangre y apellido dignos de una sociedad señorial.

Frente a este lamentable panorama, los colombinos tienen varias opciones. La opción de continuar eligiendo, gracias a su ignorancia y al engaño, a esta caterva de corruptos apátridas para que conduzcan el país a una debacle irreversible. La segunda, votar por las listas de algunos de los sectores democráticos tradicionales que han cumplido un destacado papel por las denuncias, debates y rechazo a las pretensiones que atentan contra el interés general en ese espacio de poder, la tercera, votar en blanco, como expresión de rechazo y repudio a las prácticas políticas más aberrantes de la clase política colombiana.

Y finalmente una última opción, que ha venido cobrando fuerza e importancia por la profundidad de su alcance: “la eliminación de la vagabundería del actual congreso propiciando un revolcón estructural de los poderes legislativo y judicial que hace mucho tiempo perdieron su ética, sus principios y su razón de ser”, como lo calificó la periodista Aura Lucía Mera en el portal www.elespectador.com.

angelhumbertotarquino@yahoo.es

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