Crisis de liderazgo en el movimiento comunal

El próximo 29 de Abril se realizará la elección de ‘nuevos’ dignatarios de la Acción Comunal en todo el territorio nacional.


El movimiento comunal, cuyos orígenes se remontan a finales de la década del 50, después de que el país entró en un aparente periodo de “paz social” mediante la institucionalización del acuerdo bipartidista del Frente Nacional, se convirtió en la herramienta más sencilla de reconstrucción del frágil tejido social deshecho como consecuencia de la violencia que ejercieron los partidos liberal y conservador sobre los habitantes más humildes de campos y ciudades de Colombia.

Este mecanismo, que en cierta forma tuvo un carácter providencial para superar la profunda división y enfrentamiento ideológico y político entre los colombianos, actuó también como catalizador del inconformismo de la población que se vería estimulado por el triunfo de la Revolución Cubana en los años siguientes.

El trabajo de la Acción Comunal en sus inicios, independientemente de la intención institucional que hubiera podido tener al comienzo con la expedición de la ley 19 de 1958 que la institucionalizó, fue la continuación de las formas aborígenes del trabajo comunitario como la minga, el convite…que fueron paulatina y silenciosamente transformadas y pervertidas en baluartes del cacicazgo y el clientelismo político hacia finales de la década de los 70, con la creación de los mal llamados ‘auxilios parlamentarios’ mediante los cuales muchos de ellos, por no decir que casi todos, usufructuaron para sí cuantiosos recursos durante largos años en nombre del pueblo y sus necesidades como si las partidas presupuestales que aprobaban los concejos municipales no hubiesen sido suficientes para que se enriquecieran.

El espíritu de la Ley 19 de 1958, que en el fondo convocaba el espíritu y el sentimiento de solidaridad de las comunidades urbanas y rurales, hacía confluir necesidades, soluciones, recursos e intereses en forma común al interior de cada una de ellas para acordar en forma democrática el desarrollo de obras de infraestructura como alcantarilladlos, acueductos, escuelas, centros de salud, manejo de acueductos, apertura de caminos, etc.

Más allá de las diferencias de orden ideológico, político o doctrinario, las necesidades más apremiantes de la comunidad y sus soluciones fueron más fuertes siendo ellas las que le imprimían su carácter y su legitimidad.

No obstante la importancia de su función en la construcción del desarrollo y del tejido social, más temprano que tarde el movimiento comunal se vio cooptado por el oportunismo político de los partidos y tradicionales, y fue en gran medida la Junta de Acción Comunal sobre la que se edificó la conformación de verdaderos feudos y poderes políticos locales y regionales en todos el país.

Pero todo ello fue posible, además, porque la gestión gubernamental no fue lo suficientemente pragmática como para proveer y generar escenarios de la participación y decisión democrática de las comunidades.

En este sentido, la legislación fue insuficiente permitiendo con ello que la clase política no solo infiltrara sino que se apoderara del movimiento comunal a su antojo, mediante la vinculación de líderes subordinados a sus intereses políticos y no a las necesidades y problemas de la comunidad; líderes sin ninguna formación académica ni de gestión pública. En todo el país muchos líderes lograron eternizarse en las juntas directivas de las acciones comunales y lograron imponer su poder, incluso contra la normatividad que el Estado producía en materia comunal.

Durante muchos años, el movimiento comunal fue utilizado como un trampolín político para que muchos de sus líderes o los líderes políticos que los controlaban, pudieran acceder a los Concejos Municipales, a las Asambleas y en no pocos casos a la Cámara o al Senado, sin que se conocieran resultados importantes de su gestión, diferente al enriquecimiento personal.

Los esfuerzos que se hicieron por convertir el movimiento comunal en un espacio de verdadera participación democrática fueron fugaces y transitorios y de ellos vale la pena mencionar los trabajos del Doctor Orlando Fals Borda o los que desarrolló el sacerdote Camilo Torres Restrepo, cuyos esfuerzos se vieron truncados por la acción de los gobiernos de entonces.

Toda esta serie de dificultades, de frustraciones, de traiciones a la verdadera causa comunal, fue minando y debilitando la credibilidad no solo en su trabajo sino sobre todo en su liderazgo, y las viejas maquinarias que las controlaron durante largo años, nunca promovieron estrategias de participación, procesos de capacitación y formación de los jóvenes ni de la mujer, porque finalmente eso les hubiera significado su propia desaparición.

Hoy que el movimiento comunal se ve afectado por una profunda crisis de participación y liderazgo, cunde el pánico en muchos sectores del municipio por el bajo nivel de participación, por el alto grado de desorganización, por la abrumadora indiferencia y falta de credibilidad de la comunidad con el movimiento comunal.

angelhumbertotarquino@yahoo.es

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