Colombia entra en la era de los ecofunerales

Existen en Latinoamérica y por ende en Colombia, proyectos pioneros de entierros verdes, un concepto que crece en ciertos países en los cuales se ha logrado una gran concientización sobre el medio ambiente como España, Estados Unidos, Italia, Suecia, entre otros, y que tienen como punto de partida la transformación del cuerpo y la utilización de urnas biodegradables que reducen considerablemente el impacto ambiental comparado con las formas tradicionales de entierro, al tiempo que implican una menor utilización de espacios de tierra.


En Bogotá hay 8.000 M2 de terreno inicial, donde se han sembrado más de 1.200 árboles de especies nativas y donde se depositan las urnas biodegradables, para aquellos que optan por un destino final en un sendero ecológico. Las urnas ecológicas, 100% biodegradables elaboradas con material orgánico, mineral y aglutinantes vegetales para destinos finales de las cenizas en bosques, mares, lagos y ríos.

Existen más de 300 soluciones vendidas en Bogotá y ha aumentado proporcionalmente desde su llegada. Quienes prefieren este tipo de ceremonia se encuentran entre los 35 y 45 años, mientras los mayores de 45, prefieren la inhumación tradicional.

Estas urnas son un vehículo idóneo para reintegrar en la naturaleza las cenizas de un ser querido sin ocasionar ningún perjuicio al medio ambiente al sustituir el uso de las urnas de madera que están elaboradas con elementos contaminantes y que en algunos casos son arrojadas junto con las cenizas en las fuentes de recursos naturales. Son además, una nueva forma de ver la finalización del ciclo de vida y una opción positiva que busca hacer de las ceremonias de los seres queridos un momento más especial, más humano y personal.

Los entierros verdes además de promover la importancia de la conservación del medio ambiente, ofrecen la posibilidad de preservar la memoria de los seres queridos, en contacto con la paz y tranquilidad que brinda la naturaleza.

La muerte puede ser una semilla, un principio; no tiene por qué ser sólo un final, una defunción. El cuerpo deja de funcionar, pero no de ser útil. Hay quien deja su cuerpo a la ciencia; otros, que consideran que puede ser parte de la naturaleza, que ven la oportunidad de devolver a la tierra lo que hemos tomado de ella. En la naturaleza no hay desperdicios. Que nuestro cuerpo alimente a un árbol, que dé sus frutos y cobije a la fauna, contribuyendo al ciclo de la vida, sería para unas personas lo justo.

Fuente: Barriosdebogota.com

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